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¿Cueces o enriqueces? Metodologías activas al servicio del que aprende

¿Sabes qué significan estas siglas? ApS, AEPC, ABJ, ABR, ABP, ABP, ABP, ¿AB… crem? ¿AB… qué?

Si has adivinado alguna de ellas, es porque asistimos a un momento pedagógico donde las metodologías activas se presentan como una solución posible para que la escuela del siglo XXI responda a las exigencias que demanda la sociedad.

Los espacios educativos de la Red se ven inundados de estas siglas y otras similares. Y es que podemos afirmar que esto de las metodologías activas es como tener ocho apellidos para un mismo nombre; ese nombre es “ACCIÓN”.

El papel activo del alumno en educación no es algo vanguardista, ya los psicólogos y pedagogos constructivistas del siglo pasado defendían la necesidad de que los estudiantes fueran los protagonistas de su propio aprendizaje; es decir, postulaban una enseñanza orientada a la acción del que aprende. Incluso la normativa vigente recoge este precepto desde hace décadas. La cuestión ahora es cómo hacer partícipes a los alumnos. ¿Qué implica tener un papel activo? ¿Qué metodología elegir? ¿Por dónde empezar? 

  1. La revolución metodológica
  2. ¿Quién aprende?
  3. El baúl metodológico
  4. Una solución mágica
  5. Tecnologías para la acción
  6. Referencias de buenas prácticas

1. La revolución metodológica

La educación por competencias implica saber, saber hacer y saber ser. Esto es: tener conocimiento sobre un tema, habilidades para poner en práctica el conocimiento adquirido y valores que sustenten nuestros actos; todo a la vez.

Este enfoque competencial, preceptivo desde que entrara en vigor la Ley Orgánica de Educación de 2006, ha impulsado que prosperen diferentes metodologías activas en los últimos años. Algunas presentes desde el siglo pasado, pero que han vuelto a emerger en el marco educativo actual y se siguen conceptualizando, renovando. Desde el Ministerio de Educación también se dictan orientaciones para llevarlas a cabo, véase por ejemplo el anexo II de la Orden ECD/65/2015

Podemos afirmar que, aunque estas metodologías tienen procedimientos diferentes, comparten muchos de sus principios. ¿Cuáles son esos principios comunes?

  • El alumnado asume un papel dinámico en el proceso didáctico; es decir aprende haciendo.
  • Tienen en cuenta los contextos reales del estudiante, ya sean más o menos formales o informales.
  • Suponen una transformación de aquello que se aprende.
  • Priman el tratamiento interdisciplinar del currículo.
  • Destacan la relevancia del trabajo compartido entre todos los agentes educativos.
  • Combinan diferentes recursos didácticos, sobresaliendo las herramientas TIC por su omnipresencia y versatilidad.
  • Ofrecen múltiples opciones de representación, expresión, acción e implicación, garantizando mejor la atención a la diversidad.
  • Potencian el cultivo de las conocidas como inteligencias múltiples.
  • Contribuyen al desarrollo integral de los escolares como ciudadanos competentes del presente y del futuro.

Todo esto suena bien, muy bien, pero en la otra cara de la moneda están las capacidades docentes: ¿somos competentes para trabajar por competencias? No es fácil utilizar las metodologías activas cuando hay factores, tanto internos como externos, que obstruyen el camino hacia el cambio metodológico.

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Entre los factores internos están nuestros prejuicios, miedos, expectativas, intereses, creencias, ideas preconcebidas, vicios adquiridos, experiencias,… Entre los factores externos están los imperativos legales, las directrices marcadas por el proyecto educativo de un centro, la autonomía del centro, la cultura de relaciones que hay en una comunidad escolar, la adecuada organización de espacios, recursos y tiempos y muchos otros elementos que forman parte del conocido como currículo oculto.

Todo esto conlleva que muchas veces nos limitemos a cumplir expediente; es decir, a poner el añadido “fomentamos el papel activo del alumnado” en los innumerables documentos institucionales, sobresaliendo las programaciones didácticas. Después, la práctica diaria es muy distinta, de ahí la expresión “¿Cueces o enriqueces?” Es necesario asumir nuestra responsabilidad docente en este sentido, y ser receptivos al cambio de paradigma. ¿Tú quieres sumarte a la revolución metodológica?

2. ¿Quién aprende?

Ya sabemos que aprendemos durante toda la vida; los estudios de neurociencia nos lo han demostrado. En un contexto educativo donde el estudiante es el principal protagonista del proceso didáctico, no solo aprende el alumno, también el docente. Todos aprendemos.

  • ¿Qué aprende el alumno? Al margen de conocimientos disciplinares, los alumnos mejoran su autonomía, empatía, responsabilidad, compromiso, perseverancia, autocrítica, capacidad para transferir el conocimiento, habilidad para comunicar, para tomar decisiones y ser emprendedores, para resolver problemas y trabajar de forma colaborativa. Su participación también debe estar presente durante la evaluación (de ellos mismos y de otros) para que el aprendizaje sea auténtico y el proceso didáctico más transparente.
  • ¿Qué aprende el docente? Fundamentalmente aprende a reinventarse. Trabajar con metodologías activas supone una experiencia de cambio constante, un crecimiento personal y profesional continuo. El docente aprende a orientar, guiar, coordinar, apoyar, facilitar, motivar, dinamizar, mediar, colaborar, investigar,… siempre desde la óptica de ser modelos competentes para otros.

Este rol del profesor no está reñido con el rol como transmisor del conocimiento. No debemos demonizar la clase expositiva ni otras rutinas instructivas más convencionales, porque también son necesarias. El truco está en saber combinar la teoría con la práctica, la tradición con la innovación, la realidad con la ficción.

3. El baúl metodológico

Estamos seguros de que seguirán aflorando nuevas metodologías o derivados de las metodologías activas ya existentes. En esta sección te mostramos solo algunas, aquellas con mayor protagonismo en el marco socioeducativo actual. Podemos afirmar que todas ellas se dirigen al aprendizaje y dominio de las competencias clave, aunando las necesidades curriculares por un lado, con las contextuales y personales del alumnado por otro.  chistera

Recuerda que tienen unos principios comunes. Incluso NO son excluyentes entre sí, sino que pueden combinarse, complementarse unas con otras. Las vemos una por una:

  • Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP o PBL en inglés - Project Based Learning). Es un modelo que parte de una pregunta-guía, lo suficientemente motivadora, para llegar hasta un producto final mediante la realización de un proyecto donde los alumnos tienen que organizarse en equipo para recoger información y contrastarla, interpretar datos, plantear conclusiones y revisarlas, culminando con la exposición del producto elaborado, que intentará dar respuesta a la pregunta inicial. Con un procedimiento parecido existen otras variantes, como el aprendizaje basado en tareas, aprendizaje basado en retos, aprendizaje por descubrimiento, etc.
  • Aprendizaje Basado en Problemas  (ABP o PBL en inglés - Problem Based Learning). Es una de esas variantes que sigue un mecanismo similar al ABP anterior, centrando el tema de estudio en un problema real de nuestro contexto, para el que los aprendices indagan soluciones posibles. Además, sigue un proceso cíclico, donde las preguntas iniciales motivan la aparición de nuevas preguntas más complejas sobre las que el alumnado tiene que investigar.
  • Aprendizaje Basado en el Pensamiento (ABP o TBL en inglés - Thinking Based Learning). Es un enfoque propuesto por Robert Swartz para enseñar a pensar eficazmente a los alumnos a través del currículo, con un trabajo sistemático donde se utilizan destrezas y rutinas de pensamiento para llegar a monitorizar los hábitos de la mente. Estos hábitos se relacionan con la flexibilidad mental, la capacidad de crítica constructiva, la creatividad, la persistencia, la toma de decisiones,… dejando atrás un modelo de pensamiento más rígido.
  • Aprendizaje Servicio (ApS). Con esta práctica se aprende el currículo ofreciendo un servicio a la comunidad, mediante el desarrollo de un proyecto solidario para atender a las necesidades de nuestro entorno social, cultural y/o natural asumiendo una responsabilidad y compromiso real. De este modo se desarrollan conductas prosociales a la vez que se adquieren conocimientos, procedimientos y valores. También se le conoce con el nombre de Aprendizaje y Servicio Solidario (AySS).
  • Aprendizaje Cooperativo (AC). Se centra principalmente en desarrollar comportamientos sociales a la vez que se aprenden contenidos especializados, mediante estructuras cooperativas donde alumnos y alumnas con diferentes capacidades trabajan juntos, desarrollando el respeto por las diferencias, la comunicación asertiva, la interdependencia positiva, la responsabilidad compartida, etc.
  • Aprendizaje Basado en el Juego (ABJ o GBL en inglés - Game Based Learning). Implica la utilización de juegos y/o videojuegos como herramientas de apoyo al aprendizaje, ya sea para adquirir conocimientos o para evaluarlos.
  • Gamificación. Consiste en incorporar dinámicas o mecanismos de juego en entornos no lúdicos, con el fin de suscitar la motivación de los destinatarios, en este caso de los aprendices. Algunas de las técnicas utilizadas son: existencia de desafíos o retos, planteamiento de niveles, acumulación de puntos, clasificaciones por ranking, consecución de premios, etc. 
  • Pensamiento de diseño (en inglés Design Thinking). Este enfoque proviene de la forma en que generan los diseñadores un producto, y pretende que los estudiantes originen ideas para dar soluciones creativas a necesidades reales. Su propósito es que los alumnos sean emprendedores, innovadores a través de sus propios diseños y de compartir los mismos con los demás. Una de las propuestas más conocidas en educación es el Visual Thinking (pensamiento visual), que consiste en transmitir y exponer las ideas en forma de síntesis y relacionando conceptos, principalmente mediante imágenes que son fácilmente reconocibles (dibujos sencillos, figuras básicas, pictogramas, garabatos,…)
  • Clase Invertida (en inglés Flipped Classroom). Este modelo combina el proceso de aprendizaje dentro y fuera del aula, de modo que el tiempo de aula se destina principalmente para trabajar de una manera dinámica e interactiva los procesos cognitivos de mayor complejidad con la ayuda del docente, y el tiempo fuera de la clase debe ser aprovechado por el alumno para explorar libremente el tema de estudio de que se trate, mediante el uso de videos, documentales u otras fuentes de información. Junto a esta metodología, es de utilidad aplicar el Aprendizaje Basado en Equipos (en inglés Team Based Learning) donde los estudiantes trabajan fundamentalmente con sus respectivos grupos, pero partiendo previamente del análisis individual de la información que tienen que asimilar.
  • Aprendizaje en y para la creatividad (AEPC). Este enfoque parte de la premisa de que todos somos creativos y de que esta creatividad emerge de la interacción entre los pensamientos de la persona y su contexto sociocultural. El docente es quien debe favorecer entornos didácticos que permitan al alumnado construir el conocimiento mediante una cultura colaborativa y utilizando sistemáticamente las técnicas creativas. Estas técnicas deben ser conocidas por profesores y estudiantes, y deben estar visibles en el aula.
  • Movimiento o cultura maker, que pone en alza el papel de hacedores de los alumnos bajo el lema Do it yourself (DIY). Este movimiento está ligado al uso de herramientas que permiten la programación, la robótica, la impresión en 3D,… para tener diferentes opciones de fabricación de productos, ya sean en formato analógico o digital. 
  • Metodología AICLE, acrónimo de Aprendizaje Integrado de Contenidos y Lenguas Extranjeras (CLIL en inglés - Content and Language Integrated Learning). Es la mejor opción en centros con secciones bilingües para enseñar materias a través de otro idioma, poniendo en alza el carácter de la competencia lingüística más como instrumento que como fin del aprendizaje, donde el alumno entrena las destrezas básicas en una lengua diferente a la materna.

Hemos definido estos modelos brevemente, siendo conscientes de que cada uno de ellos tiene pormenores que es necesario conocer y dominar para que se apliquen de manera eficiente. Te animamos a profundizar en aquellos que te resulten más sugerentes, e incluso a investigar si hay otros que tengan cabida en este baúl metodológico

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4. Una solución mágica

¿Soluciones mágicas? La magia solo existe si se crea cada día. Con esta máxima queremos transmitir la idea de que es necesario ser regulares en la utilización de esos modelos.

La práctica continuada es la que nos permite dominar mejor lo que hacemos, cómo, cuándo, por qué y para qué lo hacemos. Puede que ya estés utilizando estos enfoques activos sin saber que lo estabas haciendo. Si es así, serás más consciente de que cualquiera de ellos puede conducir al fracaso si no hay un proceso previo de planificación y, por supuesto, de evaluación continua de su progreso. Es habitual que las primeras experiencias sean menos enriquecedoras que las que les suceden después.

Para planificar mejor, debemos tener formación en nuevas metodologías y, fundamentalmente, realizar un análisis de partida de dónde estamos y dónde queremos llegar. No se trata de meter por meter un nuevo modelo, eso NO es innovar. Se trata de estar abiertos a la cultura de cambio a partir del potencial que tenemos para desarrollar el que está en nuestra zona de desarrollo próximo, como diría Vygotsky.

¿Con cuál te identificas mejor? ¿Cuál es más viable para ti y tu centro? ¿Tienes alguna preferencia? Esas son las preguntas que deben guiar tu decisión. En definitiva, ninguna metodología es mejor que otra, la elección dependerá de los factores internos y externos que ya se han citado al principio de este artículo. 

5. Tecnologías para la acción

La implementación de las metodologías activas se ha visto favorecida por la evolución de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), que utilizadas en entornos educativos también se convierten en tecnologías para el aprendizaje y el conocimiento (TAC), en tecnologías para el empoderamiento y la participación (TEP).

Estos recursos tienen innumerables potencialidades para facilitar y sistematizar el modelo pedagógico para la acción del que estamos hablando, especialmente todo lo relacionado con el uso de la Red y la tecnología móvil, surgiendo por ejemplo el anglicismo “mobile-learning”, que supone aprender mediante dispositivos móviles (teléfonos, tablets,...)

Entre las ventajas de las tecnologías, sobresalen: el aprendizaje ubicuo, en cualquier momento y lugar, la comunicación fluida y bidireccional, la ampliación de la audiencia, el entorno multimedia e interactivo, la flexibilidad y control del que aprende, las mejoras en accesibilidad universal y creación de entornos personalizados, etc. ¿Y qué acciones nos permiten? Buscar y filtrar información, almacenarla y recuperarla, diseñar, crear o producir contenidos, publicar y difundir, compartir y colaborar, interaccionar con otros,... ¡Suma y sigue!

Si quieres conocer herramientas específicas para utilizar las tecnologías en sus múltiples funcionalidades, te recomendamos consultar la infinidad de repositorios existentes. Por ejemplo: 

  • Artefactos digitales, web de Conecta13 que realiza una clasificación de aplicaciones tecnológicas que se pueden utilizar en función del producto que queramos generar: presentaciones, vídeos, animaciones, fotografías, podcast, líneas del tiempo, wiki, ebook, cómic, realidad aumentada, mapas mentales, infografías, geolacalización y un largo etcétera.
  • Selección de herramientas TIC para el ABP: un completo artículo de este portal, escrito por Francisca Sánchez González, que clasifica las aplicaciones en función de las fases presentes en un proceso de Aprendizaje Basado en Proyectos.
  • Tecnología en el aula, sección del blog de Gesvin Romero.
  • Así de fácil, sección de la web de Dis@nedu con sencillos manuales para utilizar algunos recursos TIC.
  • DUAliza de Educarex, con una selección de tecnologías para aplicar los principios del Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA).
  • 100 herramientas TIC de la web Ayuda para maestros.
  • Herramientas 2.0 recopiladas en un symbaloo de Raúl Diego.

No olvidemos que una de las competencias clave es la competencia digital, que implica tener capacidad para utilizar los medios tecnológicos disponibles de manera eficiente, crítica, creativa y segura en diferentes contextos (educación, empleo, tiempo libre,...). Si eres docente, te recomendamos utilizar el portfolio de la CDD, que el Ministerio de Educación ofrece como un servicio de reconocimiento y mejora de nuestra competencia digital a través de la autoevaluación continua y del registro actualizable de experiencias de enseñanza, aprendizaje y formación.

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6. Referencias de buenas prácticas

Ya existe una trayectoria de innovación metodológica por parte de docentes y centros educativos que nos pueden servir de referentes, que son modelos para evidenciar buenas prácticas. Esos modelos los tenemos tanto en el ámbito de la comunidad extremeña como en el ámbito estatal.

A nivel de la Comunidad de Extremadura:  

A nivel estatal, son tan numerosos los ejemplos que lo mejor es consultar algunos espacios web que se hacen eco de las metodologías activas:

De estos referentes, haber hay muchos más, estamos convencidos de ello. Por eso queremos que compartas tus experiencias en este espacio o en otros similares. Visibilizar estas prácticas permite que se hagan más extensivas, y por tanto, que se generalicen.

Esperamos que la lectura de este artículo te haya inspirado para saber qué puedes cambiar y cómo vas a hacerlo. Para concluir, esta frase de Albert Einstein que nos invita a la reflexión:

"La mente que se abre a una nueva idea, jamás volverá a su tamaño original" 

 

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