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Reflexiones de un director de Secundaria al inicio del curso

Finales de agosto y ya apreciamos todos los componentes de una Comunidad Educativa ese cosquilleo que augura el inicio de un nuevo curso, un nuevo “año escolar”. Las tardes se acortan, el verano se agota y si todos perciben esa “nochevieja docente”, los miembros de los equipos directivos lo hacen siempre con algo de antelación por ser los responsables de lo que suceda tras las “campanadas”.

Es el tercer curso marcado por la presencia del COVID-19 y pese a los aprendizajes de los dos cursos anteriores -marcados a sangre y fuego- volvemos con una cierta incertidumbre y desasosiego pues de nuevo serán los requiebros del virus los que marcarán este inicio de curso 21-22. Supongo que si fuimos capaces de sobrellevar lo anterior, hoy, con más experiencia y la cota de malla de las vacunas también seremos capaces de navegar con cierto éxito en las procelosas aguas de la pandemia.

Son muchas las satisfacciones y también muchos los desvelos que a los equipos directivos de los centros les llegan a lo largo de un curso escolar, y por supuesto muchas las dificultades a resolver sin poder dar una respuesta que satisfaga plenamente a todos los afectados. La doble labor de docente y gestor en un centro tiene obviamente sus luces y sus sombras.

Actualmente mi labor en este engranaje de cosquilleos y pandemia es la de director de un centro de secundaria y con muchas ganas e ilusión afronto -afrontamos pues tengo un gran equipo a mi lado- una nueva aventura donde no dudo lo más mínimo de la presencia de simas profundas, monstruos voraces y oráculos destructivos, pero que con valor, experiencia y algún botiquín -por los golpes- considero que sabremos superar con victoria.

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Marcan estos días de inicio de curso, donde la canícula ya se resiente, mis pensamientos sobre cómo sacar lo mejor de cada una de las piezas o engranajes que componen una Comunidad Educativa. El objetivo es claro, dar al alumnado lo mejor de nosotros para que adquiera o desarrolle unas competencias que lo hagan ser mejor persona y estar preparado para los imprevistos futuros que sin duda pondrán a prueba sus saberes, sus valores y sus miedos.

Una de esas piezas a afinar siempre es la administración del centro a “nivel técnico”. Pudiera parecer, y en ocasiones lo parece, que lo importante de la dirección de un centro educativo es su gestión administrativa. Si pusiéramos en porcentaje la energía empleada, de la total, que dicha gestión supone, no dudo que saldrían números altos pues pese a la buena cantidad de herramientas que facilitan el trabajo burocrático cada vez es mayor la cantidad de procesos que administran los centros. Sería fácil aquí echar balones fuera y criticar la labor de la Administración Educativa para con los centros y su día a día.

Una de las cuestiones de mayor calado, en cada inicio de curso, que no dudo que se repiten en cada centro educativo, son los desvelos de los equipos directivos sobre la composición de su Claustro y sobre la posibilidad de sacar de él lo mejor para el alumnado.

Liderazgo pedagógico lo llaman, y como directores de orquesta buscamos e intentamos afinar todos los instrumentos, conjuntarlos, ponerlos en valor, para que la música que suene sea de calidad y nos lleve por el camino de la satisfacción y el trabajo bien hecho. No es tarea fácil ésta en Claustros cambiantes de un curso para otro, pero como la luz de un faro debe ser esta cuestión que alumbre y nos dirija en la dirección adecuada para llegar a buen puerto.

Los equipos directivos son un ingrediente que no pueden permanecer indiferentes a lo que sucede en un Claustro y ser solamente gestores administrativos. Es también su labor, aunque no su único objetivo intentar sofocar los pequeños incendios que seguramente se producirán por las distintas visiones o enfoques de los temas educativos. Esta es la aventura que con pasión e ilusión, estoy más que seguro, estas últimas tardes de verano, vamos iniciando.

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En general, el profesorado tiene una formación alta, por supuesto en las materias a impartir y también en cuestiones relativas a metodologías o “buenas” prácticas educativas. La oferta formativa para el profesorado es amplia y creo que adecuada para lo que se demanda desde los centros.

No pasa desapercibido al lector el entrecomillado de la palabra buena en lo referente a las prácticas educativas y es aquí donde surge el eterno debate sobre lo mejor y lo peor, la lucha entre lo tradicional y lo nuevo, entre el trabajo individual y en grupo, entre la tiza y el ratón. Incluso en las redes sociales donde muchos docentes buscan, leen y opinan en un gran #claustrovirtual existe esta batalla -en ocasiones encarnizada -, no podía ser de otro modo.

Somos muy de posicionarnos “a favor de” o “en contra de” y en la profesión docente rigen las mismas pautas que en la sociedad donde vivimos. Es labor de un equipo directivo, a mi modo de entender la profesión y el cargo, rebuscar en ese entresijo de ideas o posturas y sonsacar las mejores, sin confrontarlas y siempre por el bien del alumnado.

Más allá de las críticas a las leyes educativas, a los tiempos, a los amplios currículos o a las ratios, que es más que normal que existan pues siempre hay espacio para la mejora en cualquier ámbito laboral y el docente no es ajeno a ello, en todos los centros hay docentes inquietos, preocupados por el cambio permanente, con muchas ganas de aprender de todo y con gran profesionalidad.

Estos docentes son los grandes protagonistas de esa escuela viva que intenta con mayor o menor éxito ir de la mano de una “sociedad líquida'', como diría Bauman, donde los paradigmas son cada vez menos.

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La pregunta que seguramente subyace del párrafo anterior podría ser si la escuela debe -o no- acompañar al cambio en esta sociedad, estar cerca de él, y llegar a los alumnos por esa vía “líquida”, o de otro modo, intentar modelar la colectividad según unos parámetros más o menos consensuados de lo que está bien o está mal según la tradición.

La respuesta es clara, volvemos a lo blanco y lo negro, al conmigo o contra mi. Y de nuevo creo, de forma recurrente, que sacar lo mejor de cada pensamiento puede llevar a conseguir un gran equipo en un centro educativo. Cambiar el concepto de enfrentar por el de colaborar, el de compartir por el poseer, el de respetar al diferente como riqueza del grupo por el de criticar. Aprender a encontrar detalles en una amplia gama de grises, creo que ese es el futuro de la escuela y confío plenamente que hacía allí se dirige.

@martinnunez

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