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Aprender y enseñar a pensar: una asignatura pendiente

  • Milagros Rubio Pulido

Si fueras un alumno en edad escolar, ¿cómo te gustaría que te enseñaran? Piensa, piensa, piensa,... ¿Cuántas veces pedimos a los alumnos que piensen? Seguro que más de una, pero... ¿Les estamos enseñando a hacerlo? Cualquier aprendizaje, para automatizarse mejor, requiere un proceso previo de reflexión sobre su utilidad. Es evidente que aprendemos aquello que ha pasado “nuestro” filtro cognitivo, ya se requieran procesos mentales menos o más complejos.

¿Qué ocurre? Que estamos poco habituados a entrenar desde el aula esos procesos de una manera estructurada y consciente. Y, por ello, estamos perdiendo oportunidades para que nuestros alumnos sean más competentes en lo que se refiere a la capacidad de aprender a aprender. 

Con este artículo queremos invitar a los docentes de cualquier nivel educativo a reflexionar sobre la forma en que enseñamos a pensar, y ofrecer estrategias, ejemplos, referencias, etc., para propiciar la cultura del pensamiento en el aula. Para enseñar a pensar, antes nosotros tendremos que aprender a hacerlo.

  1. Una competencia clave: aprender a aprender
  2. La cultura del pensamiento
  3. Modelos de pensamiento
  4. Hacer visible lo invisible
  5. El rincón de pensar

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1. Una competencia clave: aprender a aprender

Durante la escolarización obligatoria, la educación por competencias es la que preside la normativa vigente, siendo dichas competencias el elemento en torno al cual giran el resto de elementos curriculares.

Una de ellas es la denominada competencia para aprender a aprender (CPAA), que el Ministerio de Educación conceptualiza, grosso modo, de la siguiente manera: supone la habilidad para iniciar, organizar y persistir en el aprendizaje, implica la reflexión y toma de conciencia del propio proceso de aprendizaje para controlarlo adecuadamente y ser cada vez más eficaces y autónomos. Es fundamental entrenar esta competencia para optimizar el aprendizaje a lo largo de toda la vida. Debe desarrollarse en tres dimensiones:

  1. Conocimiento de lo que se sabe, lo que no se sabe y sobre lo que podemos llegar a saber.
  2. Conocimiento sobre la tarea de aprendizaje y demandas que requiere.
  3. Conocimiento sobre estrategias posibles para afrontar dicha tarea.

Si me sitúo como educador, ¿cuál es mi responsabilidad si estamos hablando del autoaprendizaje del alumno? De nuevo llegamos al rol del docente como mediador, posibilitador, facilitador…, como persona que sirve de guía a la hora de que los estudiantes sean más conscientes de su proceso de aprendizaje. Esto supone que actuemos del modo siguiente:

  • Arbitrando momentos y situaciones escolares que inviten a la reflexión, tanto de forma individual como colectiva. Tenemos que generar oportunidades para pensar, deliberar, entender, razonar, imaginar, etc.
  • Proponiendo estrategias y recursos específicos para aprender a pensar, sea cual sea nuestra especialidad y/o materia; estrategias y recursos que ayuden a visibilizar un proceso tan abstracto como es el pensamiento.
  • Promoviendo la capacidad metacognitiva, aquella que nos permite comprender que somos seres pensantes y que también otros lo son (Teoría de la mente).
  • Sirviendo de modelos como pensadores eficaces; una de las tareas más difíciles de desempeñar, sin duda.
  • Y, ante todo, dejando que los estudiantes transformen lo que aprenden.

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Entrenar el pensamiento facilita que los alumnos lleguen por sí mismos donde el docente ya ha llegado por su madurez y experiencia, dándoles el tiempo y las herramientas necesarias, ¡claro! Esto implica NO dar por entendido lo que yo entiendo, NO presuponer que algo debe saberse porque ya está explicado, NO imponer mi forma de pensar como única forma posible, NO considerar obvio lo que para mí se muestra como cotidiano. Un ejemplo lo tenemos en la resolución de problemas matemáticos, donde deberíamos conocer y facilitar diferentes estrategias heurísticas al alumnado, dado que un error que comentemos, con frecuencia, es interrumpir el proceso de resolución que adopta para mostrarle una vía más rápida y elegante, evitando así que se enfrente a dificultades y aprenda a superarlas. 

Nos dice Paulo Freire que enseñar no es transferir el conocimiento, sino crear posibilidades para su propia producción o construcción. Sin duda, debemos cuestionarnos el modelo de enseñanza “bulímica”, aquel donde los estudiantes ingieren una cantidad excesiva de conocimientos que vierten en un examen para deshacerse de ellos, en la mayoría de los casos de por vida. Este modelo es contrario a la educación competencial que defiende nuestro sistema actual. 

2. La cultura del pensamiento

Nuestro pensamiento puede ser más o menos automático, reactivo, impulsivo, deliberado, intencional, creativo…, pero lo ideal sería que fuera eficiente. Una cultura del pensamiento se crea en aquellos lugares en los que el pensamiento individual y de grupo es valorado y se hace visible, y se promueve de forma activa como parte de las experiencias cotidianas y habituales de los miembros del grupo (Ritchhart, 2002).

En el marco escolar, esto supone planificar cómo vamos a enseñar a pensar, lo que conlleva hacer explícitas habilidades y destrezas de pensamiento. Se trata de llevar a nuestros alumnos a cotas más altas en el desarrollo cognitivo como parte de su desarrollo integral, y hacerlo de una manera regular, metódica, organizada..., para que esos procesos se conviertan progresivamente en automatismos. ¿Qué ventajas tiene el hacerlo con esta sistematicidad? 

  • Permite que los alumnos sean más autónomos en el aprendizaje, les empodera.
  • Aumenta su autoconcepto académico, la percepción de autoeficacia y confianza, y mejora la capacidad de respuesta.
  • Genera mentalidad de crecimiento y estimula la facultad de querer saber, lo que deriva en un incremento de los objetivos de autoaprendizaje.
  • Facilita que los alumnos se planteen metas más realistas y acordes a sus posibilidades.
  • Mejora la comprensión del mundo que nos rodea, la flexibilidad mental y las funciones ejecutivas.
  • Permite monitorizar hábitos de la mente, lo que redunda en la transferencia y generalización de los aprendizajes, tanto en la vida académica como personal.
  • Y añadimos muchas otras ventajas al listado: eficacia para resolver problemas o conflictos, tomar decisiones, plantear alternativas, darnos autoinstrucciones, aumentar el nivel de motivación intrínseca, ser más empáticos y creativos, saber argumentar, hacer críticas constructivas, tener iniciativa y capacidad de elección, implicarse y ser responsables, predecir consecuencias, hacer conjeturas, ser más productivos, estratégicos, etc., etc., etc. 

En definitiva, les hace ser pensadores más eficaces, aprendices más competentes. Debemos tener clara la máxima de que a pensar también se aprende pensando. Cuando esto se practica con frecuencia, acaba convirtiéndose en el modo natural de pensar, y se hace de una manera más instantánea, mecánica. Y a nosotros, como educadores, nos ayuda a conocer mejor a nuestros alumnos para hacer máxime el principio de individualización que contempla la ley, teniendo claro que hay tantas formas de aprender y/o pensar como alumnos en nuestras aulas.

¿Qué condiciones son necesarias para crear una cultura del pensamiento en el aula? El Proyecto Zero, de la Universidad de Harvard, considera estas ocho: tiempo, entorno físico, oportunidades, rutinas y destrezas, lenguaje para describir el pensamiento, interrelaciones (aprendizaje dialógico), creación de modelos y expectativas del profesorado respecto a que todos los alumnos pueden aprender a pensar eficazmente.

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3. Modelos de pensamiento

Podemos ubicar la capacidad de pensar en el neocórtex, la parte más racional de nuestro cerebro, la que nos identifica como seres humanos. No obstante, un proceso reflexivo activa también otras áreas, como el sistema límbico, encargado de regular nuestras emociones. Así, el pensamiento es un proceso mental complejo que aúna la razón y la emoción. Teniendo en cuenta esta simbiosis, conozcamos algunos tipos o modelos de pensamiento. Hay muchas clasificaciones al respecto, nos basaremos en aquella recogida desde hace unos años en "Comclave educarex", dando ejemplos de cada uno de ellos para entenderlos mejor:

  • Pensamiento reflexivo: aquel que nos permite ordenar nuestras ideas y tomar conciencia de ellas, reconocer y valorar nuestra forma de pensar. Ejemplos: expresar por qué nos gusta o disgusta algo, reflexionar sobre las consecuencias del incumplimiento de una norma, etc.
  • Pensamiento analítico: aquel que nos permite descomponer o simplificar la realidad para entenderla mejor; se basa en la abstracción para generar datos/hechos. Ejemplos: analizar una noticia, identificar las partes de un todo, etc.
  • Pensamiento lógico: aquel que nos permite argumentar. Ejemplos: demostrar un teorema matemático, ordenar una secuencia de acciones, etc.
  • Pensamiento analógico: aquel que nos permite identificar las semejanzas y diferencias entre elementos. Ejemplos: clasificar según un ítem (color, tamaño, posición,…), comparar una misma noticia en periódicos diferentes, etc.
  • Pensamiento deliberativo: aquel que implica la toma de decisiones. Ejemplos: consensuar las normas de clase, elegir un destino para el viaje de fin de curso, etc.
  • Pensamiento crítico: aquel que nos permite dudar de la realidad, plantearnos interrogantes; opera con condicionantes, preguntas, supuestos, dudas,… Ejemplos: juzgar la conducta del protagonista de un libro o película, opinar sobre un acontecimiento, etc.
  • Pensamiento sistémico: aquel que nos permite entender la realidad interrelacionando elementos, teniendo una visión integral. Ejemplos: relacionar algunas prácticas del ser humano con la degradación del medio ambiente, predecir las consecuencias de una dieta poco saludable, etc.
  • Pensamiento creativo o lateral: aquel que nos permite dar diferentes alternativas para resolver un problema, incluso saltándonos los patrones establecidos. Ejemplos: inventar el final de un cuento, idear un eslogan para una campaña contra el acoso escolar, etc.
  • Pensamiento práctico: aquel que permite la creación de rutinas “útiles” para que una situación-problema funcione. Ejemplos: organizar una agenda semanal, generar instrucciones para el funcionamiento de un juego, etc.

Evidentemente, existen límites difusos entre ellos y pueden darse de forma simultánea, siendo muchas las actividades escolares que ayudan a cultivar estos modelos de pensamiento (descargar en pdf).

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4. Hacer visible lo invisible

Cuando el objeto de aprendizaje es el pensamiento, algo tan intangible, abstracto, incorpóreo,… se hace más difícil aprenderlo y enseñarlo. ¿Cómo hacerlo visible? Rober Swartz introduce el término “infusión” para referirse a la enseñanza de los pensamientos de nuestra vida diaria a través del currículum escolar y propone la corriente del aprendizaje basado en el pensamiento (ABP o TBL en inglés - Thinking Based Learning): es un enfoque para enseñar a pensar eficazmente a los estudiantes a través del currículo, con un trabajo sistemático en cualquier nivel educativo y/o área de conocimiento, que potencia el papel activo del alumno para aprender a aprender.

Son de sobra conocidos los programas de enseñar a pensar que se llevan a cabo al margen del currículo y que están principalmente dirigidos al alumnado con necesidades específicas de apoyo educativo (AcNEAE), segregándole habitualmente de las experiencias del grupo-aula para ejercitarlos. No se trata de trabajar el pensamiento al margen del currículo, sino integrado en el mismo, lo que también favorecerá el modelo de escuela inclusiva que tanto ansiamos. Antonio Márquez Ordóñez (maestro especializado en educación inclusiva) y Paulina Bánfalvi Kam (experta en altas capacidades) nos lo muestran en estos artículos:

Pongamos nombre y apellidos a algunas corrientes actuales que, a pesar de tener orígenes diferentes, tienen como común denominador el aprendizaje estructurado del pensamiento. Para ello, nos basaremos en una publicación de Coral Elizondo, activista por la inclusión, titulada "Cultura de pensamiento: enriquecimiento para todo el alumnado". Cualquiera de estas propuestas podrás utilizarlas en tu práctica docente con una planificación previa para su implementación:

  1. Rutinas de pensamiento (David Perkins). Son patrones sencillos que facilitan el acto de pensar mediante un protocolo de pasos a seguir para explorar las ideas que se tienen sobre un tema determinado. Son fáciles de enseñar y aprender. ¡Vamos con ellas! Algunos ejemplos:
    • Captar la esencia y sacar conclusiones: Color-Símbolo-Imagen (CSI) para representar el objeto de estudio, Headlines (dame un titular), Palabra-idea-frase... 
    • Establecer conexiones: 3-2-1 Puente, Relacionar-ampliar-preguntar, Pienso-me interesa-investigo, Antes pensaba-ahora pienso...
    • Crear explicaciones: Brújula, Preguntas provocadoras, Piensa y comparte en pareja...
    • Considerar distintos puntos de vista: Círculo de puntos de vista.
    • Describir lo que está ocurriendo: Veo-pienso-me pregunto.
    • Razonar con evidencias: Problema-solución, Semáforo, Puntos cardinales...
  2. Destrezas de pensamiento (Rober Swartz). Suponen emplear procedimientos de pensamiento complejo para organizar, clasificar y relacionar ideas o conceptos que ayuden en la toma de decisiones y resolución de problemas. Se apoyan en organizadores gráficos.
    • Destrezas para generar ideas o posibilidades (pensamiento creativo). Por ejemplo: mapa de cuento.
    • Destrezas para analizar información, realizar inferencias y evaluar si una idea es razonable (pensamiento crítico). Por ejemplo: un diagrama de explicación causal.
    • Destrezas para clarificar y comprender (pensamiento analítico). Por ejemplo: organizador de las partes-el todo.
  3. Hábitos de la mente (Arthur Costa). En palabras de A. Costa, son patrones de pensamiento y conductas inteligentes que se observan cuando enfrentamos problemas y dilemas de la vida. En este artículo de "Escuela de experiencias" puedes conocer para qué sirven cada uno de ellos. Son 16 hábitos y suelen estar entremezclados: 
    • Persistencia.
    • Manejo o gestión de la impulsividad.
    • Escuchar con entendimiento y empatía.
    • Pensamiento flexible.
    • Metacognición o pensar sobre el pensamiento.
    • Esforzarse por lograr la precisión. Exactitud y precisión.
    • Cuestionarse y plantearse problemas.
    • Aplicación de conocimiento anterior a situaciones nuevas.
    • Pensar y comunicarse con claridad y precisión.
    • Conseguir datos con todos los sentidos.
    • Creación, imaginación e innovación.
    • Responder con asombro y admiración.
    • Aceptar riesgos responsables.
    • Humor.
    • Pensamiento independiente.
    • Apertura al aprendizaje continuo.
  4. Llaves del pensamiento (Tony Ryan). Son instrumentos que ayudan a desarrollar el pensamiento crítico y creativo por medio de preguntas. Tenemos 20 llaves que abren el pensamiento, clasificadas en dos colores: moradas para el desarrollo del pensamiento crítico y naranjas para el creativo. En el documento "Thinker´s Keys for kids" tenemos la explicación de cada llave y su uso (en inglés) y en el blog "Educar para el cambio" puedes ver su explicación en español. Orientación Andújar también nos las facilita en español "Llaves para pensadores".
  5. Otras técnicas: "Seis sombreros para pensar" de Edward De Bono, Visual Thinking (pensamiento visual) destacando la web Dibújamelas, portafolios o diarios de aprendizaje, Escalera metacognitiva (ejemplo del Proyecto CREA), Baraja de la metacognición en Agora Abierta, mapas mentales, organizadores gráficos, dilemas morales para razonar sobre los valores, etc.

Pensamiento visual

¿Quieres referencias para empaparte de estas propuestas? Consulta los siguientes enlaces:

5. El rincón de pensar

Puedo intuir lo que te sugiere el título de este apartado “El rincón de pensar”. Seguramente que lo asocies a un espacio concreto en las aulas de Educación Infantil. No voy a entrar en detalles sobre ese rincón y sus connotaciones, porque tú mismo sabrás analizar su viabilidad tras haber leído lo que supone aprender y enseñar a pensar. Ni siquiera me voy a referir a dicha etapa ni al alumnado en este apartado.

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Ahora me dirijo a ti (maestro, profesor, docente, educador…), quiero que seas tú el que se siente en el rincón de pensar. ¿Para qué? Para analizar tu práctica didáctica respecto a cómo enseñas a reflexionar, cómo atiendes a la diversidad de aprendizajes de tus alumnos, cómo fomentas su papel activo en el autoaprendizaje,... En definitiva, cómo facilitas el desarrollo de la competencia para aprender a aprender. A las puertas de que finalice este curso, la autoevaluación de estos criterios nos ayudará a saber si tenemos o no esta asignatura pendiente. En caso afirmativo, ¿quieres recuperarla el curso que viene?

Si además compartes tus reflexiones con un equipo docente, con un claustro, con una comunidad,… seguro que las conclusiones serán más constructivas y los beneficios a largo plazo serán mayores. En los contextos de aula surgen muchas oportunidades para enseñar y aprender a pensar, ¡aprovechémoslas! Nos sorprenderá la originalidad con la que niños y niñas razonan sobre la realidad circundante. 

Para terminar, un consejo más, rescatado de John Cotton Dana: "Quien se atreva a enseñar, nunca debe dejar de aprender"

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